“Constantemente me preocupaba por todo. Me sentía inquieta, incapaz de relajarme, a veces lo sentía por momentos, pero otras veces era constante. Sencillamente no podía desentenderme de ningún detalle”.

“Mi corazón se aceleraba o latía fuertemente, constantemente me imaginaba cosas peores que la realidad. Si tenía un dolor de estómago, pensaba que era algo mucho peor”.